La mejor recomendación que he recibido a la hora de vivir y ejercer el periodismo la leí por primera vez en un cuento de Edgar Allan Poe: “No creas nada de lo que oigas y sólo la mitad de lo que veas”.
Poe vivía en el terror; sabía que el mundo está hecho de sombras, espectros, sueños en vigilia, encrucijadas; que no se trata de un blanco y negro con siluetas bien delineadas, sino de un degradado de grises donde los bordes son imposibles de definir.
Por eso sólo en los propios ojos se confía, y no del todo pues también ellos pueden ver mal, equivocarse, perderse en contemplaciones erradas, en fantasmas privados que se somatizan sobre el lienzo de la realidad -¿irrealidad?- colectiva. Por eso siento que debo estar presente para comprobar; visito los lugares que me narran, regreso a Three Waters para ver que la historia sí tenga sentido.
Por eso siempre que en la Universidad se arma tropel estoy entre los estudiantes de adelante, aguantando los gases con los ojos bien abiertos, mirando atentamente todo ese teatro de grises, matizado, imposible de comprender de inmediato, con aristas inesperadas. Nunca tiraré una piedra. No participo: soy un voyeur, mi función está en mirar.
La segunda gran recomendación que he recibido a la hora de vivir y -¿por qué no?- estudiar periodismo la leí por primera vez en un cuento de Horacio Quiroga: “no vuelvas tu cabeza al dar un beso, ni vendas al postrero el ideal de tu joven vida. Pues si la prolongas a su costa, comprenderás muy tarde que el supremo canto, el divino color, la sangrienta justicia, sólo valieron mientras tuviste corazón para morir por ellos”.
Ayer Jaime Bayly -que está redefiniendo mi concepto de “idiota ilustrado”- dijo que la juventud es una enfermedad que se cura con la edad, se refería a René Pérez (Calle 13) y a su actitud “guerrillera” y a sus letras “incendiarias” (Valga abrir este paréntesis para comentar que luego se desarmó en elogios para Shakira y su sencillo “Loba”... ¿comprenden lo de “idiota ilustrado” ahora?).
Esa juventud como enfermedad es a la que se refiere Quiroga, si es cierto que se cura con la edad prefiero que me mate, que mi epitafio sea
La madurez está sobrevalorada, ese ostracismo de ver todo con el filtro de la resignación cansada que llega con el primer cheque del trabajo, de no escuchar ya el “supremo canto”, de no poder ver el “divino color”, de olvidar por las ocupaciones la “sangrienta justicia”.
Soy joven, todavía tengo corazón para morir por muchas cosas (“Por la vida hasta la vida misma”), espero luchar por ellas y hacerme viejo de ese modo, luchando, sin que la edad me cure el idealismo, sin que la realidad me mate los sueños, sin que la vejez me convenza de que no eran gigantes los molinos de viento.
La tercera recomendación que he recibido a la hora de andar andando y -de nuevo, ¿por qué no?- de andar escribiendo la leí por primera vez en el dorso de una boleta del Matacandelas, y es de Fernando González: “Venga toda la juventud, toda la niñez, todo lo que es porvenir, a la oposición, porque nos han engañado y van a decir que no dejamos huella en la bendita tierra que habitamos”.
El Brujo de Otraparte se opuso. A la hipocresía católica que crecía en las familias godas de la sociedad colombiana y en especial la antioqueña. Al afán industrial que menospreciaba la vida campesina. A la vida cosmopolita que olvidaba los valores de la sencillez y la austeridad. A la ceguera intelectual que sólo permitía la lectura de escritores conservadores. Al machismo paisa que convertía las infidelidades en pan de cada día.
Oponiéndose murió, sin ser nominado al nobel de literatura (a pesar de ser sugerida su nominación por Sartre) debido a la negativa de la curia colombiana. Murió viejo, pero definitivamente a causa de un ataque de juventud.
El porvenir -según González, y con él yo- se encuentra en la oposición. El día de mañana lo marcan los que no están de acuerdo con el día de hoy. No diré más, está -espero- suficientemente claro.
La última recomendación (son más, pero esto está muy largo ya) para la vida y -aquí sí al cien por ciento- para el periodismo la leí por primera vez en un escrito de Fernando Pessoa: “Antiguos navegantes tenían una frase gloriosa: 'Navegar es necesario, vivir no es necesario'. Quiero para mí el espíritu de la frase, adaptada su forma a lo que soy: 'Vivir no es necesario: lo necesario es crear'”.
Por eso escribo trescientas palabras diarias. Vivo para escribir, o escribo para vivir. Aún no sé bien en que orden va la cosa, pero algo es seguro, no podría hacer lo uno sin lo otro.
¡Alegría!
¡Ah!, y aquí les dejo lo que ando oyendo:
Poe vivía en el terror; sabía que el mundo está hecho de sombras, espectros, sueños en vigilia, encrucijadas; que no se trata de un blanco y negro con siluetas bien delineadas, sino de un degradado de grises donde los bordes son imposibles de definir.
Por eso sólo en los propios ojos se confía, y no del todo pues también ellos pueden ver mal, equivocarse, perderse en contemplaciones erradas, en fantasmas privados que se somatizan sobre el lienzo de la realidad -¿irrealidad?- colectiva. Por eso siento que debo estar presente para comprobar; visito los lugares que me narran, regreso a Three Waters para ver que la historia sí tenga sentido.
Por eso siempre que en la Universidad se arma tropel estoy entre los estudiantes de adelante, aguantando los gases con los ojos bien abiertos, mirando atentamente todo ese teatro de grises, matizado, imposible de comprender de inmediato, con aristas inesperadas. Nunca tiraré una piedra. No participo: soy un voyeur, mi función está en mirar.
La segunda gran recomendación que he recibido a la hora de vivir y -¿por qué no?- estudiar periodismo la leí por primera vez en un cuento de Horacio Quiroga: “no vuelvas tu cabeza al dar un beso, ni vendas al postrero el ideal de tu joven vida. Pues si la prolongas a su costa, comprenderás muy tarde que el supremo canto, el divino color, la sangrienta justicia, sólo valieron mientras tuviste corazón para morir por ellos”.
Ayer Jaime Bayly -que está redefiniendo mi concepto de “idiota ilustrado”- dijo que la juventud es una enfermedad que se cura con la edad, se refería a René Pérez (Calle 13) y a su actitud “guerrillera” y a sus letras “incendiarias” (Valga abrir este paréntesis para comentar que luego se desarmó en elogios para Shakira y su sencillo “Loba”... ¿comprenden lo de “idiota ilustrado” ahora?).
Esa juventud como enfermedad es a la que se refiere Quiroga, si es cierto que se cura con la edad prefiero que me mate, que mi epitafio sea
“Aquí descansa Lucas Vargas y Sierra. Narrador y coleccionista de anécdotas. Murió de juventud”.
La madurez está sobrevalorada, ese ostracismo de ver todo con el filtro de la resignación cansada que llega con el primer cheque del trabajo, de no escuchar ya el “supremo canto”, de no poder ver el “divino color”, de olvidar por las ocupaciones la “sangrienta justicia”.
Soy joven, todavía tengo corazón para morir por muchas cosas (“Por la vida hasta la vida misma”), espero luchar por ellas y hacerme viejo de ese modo, luchando, sin que la edad me cure el idealismo, sin que la realidad me mate los sueños, sin que la vejez me convenza de que no eran gigantes los molinos de viento.
La tercera recomendación que he recibido a la hora de andar andando y -de nuevo, ¿por qué no?- de andar escribiendo la leí por primera vez en el dorso de una boleta del Matacandelas, y es de Fernando González: “Venga toda la juventud, toda la niñez, todo lo que es porvenir, a la oposición, porque nos han engañado y van a decir que no dejamos huella en la bendita tierra que habitamos”.
El Brujo de Otraparte se opuso. A la hipocresía católica que crecía en las familias godas de la sociedad colombiana y en especial la antioqueña. Al afán industrial que menospreciaba la vida campesina. A la vida cosmopolita que olvidaba los valores de la sencillez y la austeridad. A la ceguera intelectual que sólo permitía la lectura de escritores conservadores. Al machismo paisa que convertía las infidelidades en pan de cada día.
Oponiéndose murió, sin ser nominado al nobel de literatura (a pesar de ser sugerida su nominación por Sartre) debido a la negativa de la curia colombiana. Murió viejo, pero definitivamente a causa de un ataque de juventud.
“[...] todo lo que es porvenir, a la oposición [...]”
El porvenir -según González, y con él yo- se encuentra en la oposición. El día de mañana lo marcan los que no están de acuerdo con el día de hoy. No diré más, está -espero- suficientemente claro.
La última recomendación (son más, pero esto está muy largo ya) para la vida y -aquí sí al cien por ciento- para el periodismo la leí por primera vez en un escrito de Fernando Pessoa: “Antiguos navegantes tenían una frase gloriosa: 'Navegar es necesario, vivir no es necesario'. Quiero para mí el espíritu de la frase, adaptada su forma a lo que soy: 'Vivir no es necesario: lo necesario es crear'”.
Por eso escribo trescientas palabras diarias. Vivo para escribir, o escribo para vivir. Aún no sé bien en que orden va la cosa, pero algo es seguro, no podría hacer lo uno sin lo otro.
¡Alegría!
¡Ah!, y aquí les dejo lo que ando oyendo:
(Post Scriptum: Escribir oyendo música tiende a dispersar la concentración, pero creo que ya lo voy dominando. Me comentan si el escrito está muy incoherente. Supongo que al menos de ejercicio mental sirve eso de hacer dos cosas al tiempo. Ya veremos)



10 comentarios:
Jesus -si es que existio ese Señor- debe estar revolcandose en su tumba, porque tu Epitafio supera con creces el INRI, benditas reflexiones hermano...Que la Vida le destine existos como persona y como Periodista...
Exitos
Ah, que viva The Doors, si mirá, hasta te ha sacado un poquito de tu aletargamiento. Estás volviendo al ruedo. Estas 300 me gustaron. Saludos Nessi.
... mmm me gusta.
Por otro lado, no había pensado en mi epitafio; elocuentemente sería: "Aquí yace la mujer que amó e hizo cuanto quiso en esta perra vida, Jessimiel"
Loko...Chimba de recomendaciones, "Morir de juventud" Genial.
De todo, de todo, de todo, me quedo con lo de Jaime Bayli (Baily, Bayly, como sea): es el ejemplo de lo que hace alguien cuando se ha leído completamente el diccionario, pero no se lo dice a nadie. Con eso entiendo lo del "idiota ilustrado".
Saludos.
Y que la realidad nunca nunca nos mate los sueños y que vos sigas viviendo y escribiendo o escribiendo y viviendo, da igual, y que yo te siga leyendo...y que me siga gustando tanto.
Y que bonito post, y Bayly se vaya a tomar Baileys
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Saludos,
morir de juventud... de niñez, de falta de madurez... me adhiero, aunque haya crecido, aunque siga creciendo y sol salga y los años y el olvido me caigan juntos encima... ¡me adhiero!
Gracias por el escrito.
¡buena luna y buena estrella!
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