domingo 13 de marzo de 2011

Aventura número [1] de dos niños en un pueblo lleno de adultos


Primero la escafandra del mono, entrar a la casa de puntillas y deslizarse por el techo para saltar al árbol del jardín, apretando fuerte en el puño el artefacto de hierro y vidrio, con los agujeros para el aire y los remaches. Luego demostrar la valentía corriendo de frente al tren, esquivando en el último instante la colisión. Sobrevivir sonriendo, hacerle a ella (con su vestido de Merlina y sus diez o nueve años) la ofrenda del tesoro. Lo mira con atención, bola mágica sabedora del destino, siguiente parada la casa abandonada dónde habita el dragón que protege el platillo mágico volador, o algo así.

Esperar la noche con su cinta para el pelo en el bolsillo. Franquear la verja de entrada, avanzar delante de ella en la oscuridad poblada de instrumentos. Sentir el resoplar de la bestia agazapada, ver su sombra, ver la sombra de sus dientes reflejada en el papel gastado de las paredes bajo la luz de la luna. Correr con ella, ninguno de los dos tenía miedo. Alcanzar el objetivo, tomar la bandeja, saltar por la ventana de la buhardilla y rodar techo abajo mientras la casa Usher se desploma. Una vez en el piso mirar el lento irse abajo de la bestia de tela y lana.

Mirarla tímidamente como el niño menor que se es. Acercar despacio la mano izquierda a su mano derecha. Tomarla, entrelazar los dedos. Volver a mirarla y verla mirarte. Sonreír bajo la luz de la luna, ambos.

2 comentarios:

  1. Qué cosa más extraña y más bacana. Hace ratico no te leía algo tan bueno.

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