miércoles 23 de marzo de 2011

Avisos parroquiales

De este nuevo modo de publicar en el blog haré un par de comentarios.

La brevedad de los apuntes publicados puede agradar a los lectores eventuales, quienes innegablemente prefieren leer en corto dado que se trata de contenido web y que el autor es un desconocido a quién no vale la pena tomarse demasiado en serio. No obstante, la forma y el contenido de los mismos no son -desde mis supuestos- muy agradables. Se trata en los más de los casos de apuntes metafóricos personales, de pequeñas realidades íntimas que no se escapan de caer en la necedad de lo críptico. A los lectores que se decepcionen al respecto presento mis condolencias. No pierdan la fe, de cuando en cuando escribiré entradas más universales, la claridad en la escritura sigue siendo uno de los aspectos que más defiendo y que más disfruto.

Debo confesar, para cerrar el tema de los apuntes publicados, que al escribir esos breves siento recuperar un aire, un gozo de la escritura adolescente, del pequeño que garrapateaba versos en una libreta marca “Loro”, poemas privados cargados de barroquismos y códigos secretos, imágenes reusadas hasta la nausea, lugares comunes que eran nuevos para quien en ellos caía por primera vez, malos, malísimos, pésimos, pero que le servían para matar el tiempo, para sentirse mejor respecto a si mismo, poseedor de una verdad y una belleza en la que sólo eran partícipes unos cuantos mortales. Brindo por eso y porque no tenía blog en ese entonces: habría corrido el riesgo de hacerme famoso en los círculos poéticos de Medellín, situación bastante embarazosa desde todo punto de vista.

Publicaré una Rockola el viernes de esta semana, para darle tiempo a los votantes e inaugurar abril con el propósito de no volverme a dormir en ese aspecto. Propósito que, por supuesto, será incumplido. Sabrán perdonarme.

También perdonarán quienes esperen (apreciación aventurada al optimismo) el escrito sobre Leonard Cohen y aquel que sólo tiene un título vistoso, “Mis tesoros guardados”. Ambos textos están en el galpón de los pendientes y por como marchan las cosas creo que se tardarán aún un buen rato. Disfruten mientras de los jeroglíficos a los que hice mención en los primeros párrafos.

Concluyo esta entrada (cuyo tono de “información de su interés” de la defensoría del consumidor no podría ser más parco) recalcando el hecho de que Aquellos Ojos Miopes no deja de ser un simple ejercicio del autor (osea yo, para el colmo del snob hablé de mí en tercera persona), un campo de tiro en el que habrán disparos errados y regueros de pólvora y olor a chamusquina cuando se me quemen las pestañas por el calor que irradia el tambor de una .38. Por eso es que lo quiero, sólo así tiene algún sentido.

Si pese a eso quiere dar click en la publicidad de google y ayudarme a ganarme unos cuantos pesos, se lo sabré agradecer. También si quiere pasarse por 20/20 y ver si tiene algún libro que regalarme. No hay compromiso alguno. Si le gusta lo que lee, comente. Si no, insulte. Si prefiere no hacer nada, no lo haga. En cualquiera de los tres casos de click en la publicidad de google y ayúdeme a ganarme unos cuantos pesos, se lo sabré agradecer, de nuevo.

Cordial saludo. ¡Alegría!

1 comentarios:

  1. Primer punto:
    Te informo que no he podido dar con el libro que quiero regalarte, así que apenas lo haga, te aviso.

    Segundo punto:
    La brevedad de los escritos no es, de ninguna manera (por lo menos desde mi punto de vista), un problema.
    Si esa brevedad significa que esas imágenes de antes están siendo arrancadas de nuevo, aunque ya lo hayan sido antes por muchos o por un grupo selecto, entonces está bien. Porque con brevedad o sin ella el autor seguís siendo vos y tus escritos siguen siendo tuyos y seguís queriendo decir lo que querés decir. Es sólo otra faceta tuya que, en lo personal, me agrada.

    Un abrazo y un feliz todo =)

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