miércoles 23 de marzo de 2011

Un árbol de faro*


Un árbol de faro*, originalmente cargada por Miguel Barrios.
Me he visto mirándolo, leyéndole cómo le leo a Dillinger, cómo si también él fuera un gato, cómo si también de noche fuera a ronronear de gusto antes de quedarse dormido a los pies de la cama. En su inmovilidad aparente, en su calma, en su temblor perceptible sólo cuando se le mira de cerca, en sus nudos, en sus inicios y en sus desenlaces, en las raíces escondidas bajo tierra. Ahí la adivino, algo de ella en él, quizás por eso le hablo. Sé, en alguna de las fibras secretas de la carne, que la materia es la tercera gran mentira universal, y que en ese envoltorio vegetal hay un fragmento, una condensación de su perfume: el aroma que me despierta en medio de la noche es emitido en parte por sus hojas [ni que decir cuando florece], en parte por las sábanas, los muros, los libros, en parte por mis propios poros [que la guardan, que salvan rastros de su tacto], en parte por los átomos del aire.

Desde el mar del dormir un árbol me guía a salvo hasta esta costa. Desde las arenas de la vigilia un aroma me guía a salvo a través del océano de los otros sueños. Cuando descanso a su lado no sé si me he dormido o si permanezco despierto. Inmersiones. Nados. Sobrevolar la realidad en un espasmo prolongado.


*La metáfora es de Silvio Bolaño. El poema aquí.

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