lunes 9 de mayo de 2011

[El camino del Místico I]: Primera renuncia


Cascabelera, originalmente cargada por Miguel Barrios.
La primera renuncia del asceta es el colchón. Decidirá dejar su cama para dormitar en la intemperie, decidirá dejar su techo para entrar en el descanso con los ojos clavados en las nubes, decidirá permitir que el clima y los elementos le afecten en lo más hondo: primero el frío, luego la humedad, el calor, el dolor de espalda por la tierra dura o el tendido de concreto. Camino iniciático de la purificación, salva mi alma Madre a base de punzadas lumbares.

Luego del sufrimiento llegará el momento de las gratificaciones. El sueño será más calmo mientras lo cuidan los Ángeles que se esconden en las nubes. La noche será más bella al no estar encerrada en habitación alguna. El clima, que fue enemigo, enseñará al cuerpo las formas metamorfoseables de sus estados y el Místico sabrá entonces hacerse agua y viento y relámpago: todavía deslumbrado por los prodigios se tratarán apenas de mutaciones epifánicas, pero habrá empezado.

Lo notarán en la calle cuando se lo crucen los amigos: una manera de caminar como pisando hojas secas, una notable resequedad en los labios que no se acostumbran aún al frío de las noches, una manía de mirar cada tanto hacia arriba para buscar las figuras que vio cuando el cielo aún era negro, un cierto espejismo de delirio habitando sus poros y conectándolo -por líneas tenues aún no muy bien definidas- con el pretendido orden Universal de las cosas: el Místico empieza a tomar consciencia de que es un átomo del Universo y un Universo en si mismo.

Regálele si le ve una sonrisa o un apretón fuerte de manos. Merece respeto y apoyo. Lo primero porque fue valiente al poner el pie en la senda de las esferas perfectas y el caos de las moscas. Lo segundo porque todavía no sabe lo que le espera más adelante.

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