Inspirado por la lectura de los griegos el aprendiz decidirá dedicarse a resolver con el mayor ahínco las dos preguntas socráticas, que son las únicas preguntas griegas que tiene sentido para el hombre justo plantearse. En tan importante misión se recluirá que para los amigos y los conocidos tendrá sólo las palabras justas, el resto harán parte del arsenal de su silencio, arsenal con el que interroga a su Hado, esperando poder contestar si no el qué soy yo, al menos el qué es lo bueno.
No obstante, llegará el momento en que sus pasos por el mundo de los libros de historia de la filosofía, porque el aprendiz seguirá leyendo pese a estar enfrascado en su fuero interno, le deslumbrarán con el descubrimiento de los cínicos, y la imagen de Diógenes quedará grabada a fuego lento en las cortezas de su cerebro animal.
Renunciará entonces a vestidos, lechos, comidas, prescindirá de todo lo que no considere necesario y a amigos y conocidos los recibirá a ladridos, refutando en idiomas incomprensibles la afirmación de que el hombre es un bípedo sin plumas ni pelambre.
La etapa del cínico podría prolongarse indefinidamente, e incluso podría considerarse un triunfo en si misma, pero el Místico sabe en lo profundo que los años no han pasado en vano y que algo de la llamada evolución debe de haberse derramado sobre suyo. Así que luego de sufrir una epifanía, que tiene algo de kafkiana aunque no lo sepa, su visión cínica mutará en la apenas lógica conclusión de que es su deber ir más allá del maestro Diógenes.
Interrogará entonces, día y noche sin descanso, a las pulgas de su barba y a las pulgas de la barba de cualquier guardián, esperando que ellas puedan por fin contestar su pregunta acerca del qué soy yo o al menos el qué es lo bueno.
Un par de semanas más tarde es probable que se le vea dando saltos e intentando beber la sangre de cualquier mamífero de tamaño considerable. Si no encuentra la muerte en esos días será presa de una nueva revelación, y el camino del asombro se abrirá ante sus ojos como el entramado de un tapete persa.
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